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8 Jul 2016

UNA BREVE HISTORIA DEL MERCADO DE CAPITAL DOMINICANO

Author: Narciso Isa Conde | Filed under: Tiro al Blanco

Por: Ramón Duarte Ferreira
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En días recientes, la prensa nacional se hacía eco de una denuncia sobre la escasez de divisas en el mercado nacional. Este hecho trae a la memoria aquella resolución del año 1983, de la Junta Monetaria, que pasó al sector privado el comercio de las divisas en el país, para que supuestamente fuera la interacción de las fuerzas de oferta y demanda del mercado la que decidieran el precio de ésta (tipo de cambio).

En países como el nuestro con baja capacidad para generar divisas y grandes necesidades de éstas para cubrir sus importaciones, un sistema cambiario bajo el control del Estado, será siempre beneficioso debido a que podría permitir el uso de las mismas conforme a las prioridades nacionales.

Desde la creación del sistema financiero dominicano en el 1947 y hasta la indicada resolución de la Junta Monetaria, el comercio de divisas era controlado por el Banco Central. Todos los generadores de éstas tenían que venderla al Banco Central y operar en el mercado local con pesos dominicanos. Así mismo, todo el que la necesitara debía comprarla a esa institución que, además, era quien fijaba su precio.

El comercio de divisas genera grandes ganancias y poder a quien lo controle, por eso desde la muerte de Trujillo, su conquista pasó a ser un objetivo de la lumpen burguesía criolla que luego de una etapa de desestabilización y guerra especulativa contra el peso dominicano logró la mencionada resolución de la Junta Monetaria.

Lógicamente, no solo era el negocio de las divisas lo que interesaba, junto a la privatización de este negocio impuso una reforma financiera que eliminó las instituciones y controles del Estado que operaban en el sector. Se inició además la anulación de las regulaciones a la inversión extranjera, primero mediante la Ley 138, que modificó la Ley 861 de 1978 y, luego, la Ley 16-95 que finalmente suprimió todo tipo control a los flujos de capital.

Todas esas decisiones completaron la llamada liberalización e internacionalización del mercado de capital dominicano o en otras palabras tanto las divisas que produce el país, como el ahorro interno y el valor del propio peso dominicano quedó bajo el control del oligopolio de la banca privada nacional (los 3 bancos mayores controlan el 78% de los activos financieros), socio menor del capital financiero transnacional. No podemos dejar pasar por alto que más adelante, este oligopolio logró también poner bajo su control los cuantiosos fondos de la seguridad social.

Todo este proceso estuvo acompañado de una intensa campaña mediática en la que economistas, periodistas y, en general, toda la intelectualidad orgánica al dominio de la lumpen burguesía criolla, clamaba y justificaba estas decisiones como una necesidad perentoria para el desarrollo nacional.

Entre los beneficios que supuestamente obtendría el país estaba la estabilidad de los tipos de cambio, que protegería el poder adquisitivo de los trabajadores, además vendría al país el flujo de capital extranjero que nuestra economía necesitaba para su desarrollo, como asimismo un abaratamiento del capital en el mercado financiero.

¿Pero cuáles han sido los resultados? El más inmediato fue el súbito encarecimiento del capital (alza de la tasa de interés y costos de intermediación) que alejó de la clase media la posibilidad de adquirir una vivienda propia y el aumento en general de los costos de producción. Los tipos de cambio jamás han estado determinados por las operaciones del mercado abierto, sino que siguen siendo administrados por el Banco Central, solo que ahora en beneficio de la banca privada oligopólica.

Contrario a la esperada estabilidad, el peso dominicano se devalúa con una sistematicidad perversa, corroyendo de forma continua el salario real de los trabajadores. “De acuerdo a publicaciones recientes del Banco Central, al final del año 2013 los salarios mínimos reales para las empresas grandes, medianas y pequeñas se han reducido en 8.2%, 36.9% y 44.1%, respectivamente, con relación a los salarios correspondientes a los del año 1979. Con respecto a la Zonas Francas y el sector público esa disminución fue de 51.3% y 58%, respectivamente”.

El tan apreciado flujo de capital extranjero no llegó como se esperaba, lo que sí se logró fue la apertura de una ventana para el endeudamiento del Estado dominicano con las corporaciones financiera internacionales que, junto al endeudamiento interno, sirve para cubrir un persistente déficit del sector público con el que se financia todas las formas de corrupción posible, desde las “nominillas”, sobrevaluación de los proyectos de inversión pública, barrilitos, subsidios y exenciones a empresas privadas (más de 187,000 millones de pesos), compra de partidos y políticos, campañas electorales, etc.,

“Durante el periodo 2004-2012, la deuda del Sector Público no financiero (SPNF) ha crecido a una tasa promedio anual de 13.72%, mientras que el crecimiento de la economía (PIB) ha sido de 6.11%, por lo que el crecimiento de la deuda ha sido más del doble del crecimiento del PIB” (“Algunas consideraciones sobre la deuda pública dominicana”. Escuela de Economía, UASD. 2015).

De acuerdo al estudio citado, al mes de mayo del 2015, tan solo la deuda del SPNF era de 23,525.6 millones de dólares (35% del PIB), mientras que la deuda externa total alcanzaba los 16,177.78 millones de dólares (24.64% del PIB). Como se habrá podido observar, este perverso modelo fue impuesto solo para favorecer a la lumpen burguesía criolla a través de sus bancos y grandes empresas, incluidas las del sector minero, al capital transnacional que ahora tiene por el cuello al Estado dominicano a través de la deuda externa y, los políticos y sus partidos orgánicos que solo justifican su existencia sirviendo a tan desvergonzados propósitos.

Los hechos narrados en esta breve historia le han sido impuestos al pueblo dominicano por esa minoría rapaz y despiadada, gracias a que cuentan con todos los instrumentos del poder. No solo con el económico, sino también con el mediático, las armas, el jurídico-institucional, etc. Solo una ruptura del orden institucional vigente puede cambiar la situación y, en las condiciones actuales, la constituyente popular es la vía más idónea.

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