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31 Ago 2017

PERSPECTIVAS DE UNA RUPTURA INSTITUCIONAL

Author: Narciso Isa Conde | Filed under: Tiro al Blanco

 

 

Por Narciso Isa Conde

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Hace tiempo que calificamos a esta institucionalidad -gobierno de Danilo Medina-PLD incluido- de una dictadura constitucional, corrupta y corruptora.

Hace tiempo señalamos que este orden constitucional está en franco y progresivo proceso de decadencia.

Desacreditado.

Rechazado por una gran parte de la sociedad.

Sin legitimidad.

Por eso también hace tiempo venimos haciéndonos esta pregunta:

¿Tiene pertinencia o no en República Dominicana la reflexión acerca de la necesidad de un profundo cambio estructural y de un nuevo Poder Constituyente que reconstruya todos los poderes del Estado?

Y respondimos de esta manera:

· ALGO DE HISTORIA.

Después de la Asamblea Constituyente del 1944, la reunión como Asamblea Constituyente del Congreso electo en los comicios de diciembre de 1962, es lo políticamente más cercano al Poder Constituyente fundacional de la República Dominicana.

De esa Asamblea surgió la Constitución de 1963 que sustentó una nueva institucionalidad y una agenda en franca contradicción con un poder de facto (oligárquico, militar y pro-imperial), opuesto a las libertades, soberanía y reformas sociales consagradas en ella.

Esa contradicción determinó el golpe reaccionario del 1963 que derrocó el gobierno de Bosch y la Constitución de 1963, seguido en abril de 1965 del inicio triunfal de una revolución popular, democrática y soberana que asumió su restauración.

Sin embargo, la invasión militar de EEUU y la contrarrevolución consolidada meses después, reinstalaron el viejo orden colonizador y represivo, obstruyendo por 50 años lesa transformación inconclusa.

· EL PRESENTE.

Al día de hoy la resultante de esa recolonización ha sido neoliberalismo empobrecedor y lumpen-capitalismo dependiente bajo una dictadura política y de clase sustentada en la Constitución del 2010.

Una dictadura manipulada por las facciones dirigentes del PLD, “partido único de Estado” (más bien gran corporación mafiosa asociada a otras menores); carcomida por la corrupción y la impunidad, generadora de grandes males sociales y enfrentada recientemente a una especie de tsunami verde que podría auspiciar un proceso transformador.

Un sistema así, con una institucionalidad y un régimen de partidos generadores de auto-impunidad y resistente al reclamo plebiscitario de Marcha Verde, está creando la posibilidad de que en un plazo no muy largo el pueblo arribe a la conclusión de la necesidad de hacerlo colapsar u obligarlo a dimitir mediante una movilización-paralización todavía más multitudinaria; esto es, ejerciendo la democracia y el poder de calle a plenitud, convertiéndolo en los hechos en poder constituyente.

Sí, ese tranque, ese bloqueo, desafía al pueblo movilizado a crear un Poder Constituyente que opte por reemplazar un sistema de corrupción, impunidad y degradación ambiental negado a hacer justicia y cambios por la vía de sus instituciones y de sus pervertidos mecanismos electorales, todas bajo absoluto y pernicioso control de las fuerzas gobernantes.

· PODER CONSTITUYENTE, RUPTURA Y TRANSICIÓN.

Hablo de un Poder Constituyente, que una vez derrotado el carcomido régimen, en el marco de un gobierno provisional, transitorio, tenga como función básica establecer una ASAMBLEA CONSTITUYENTE SOBERANA para forjar, entre otros objetivos, un orden político-institucional y un sistema electoral democrático basado en una nueva Constitución.

Sería, en consecuencia, una Constituyente dedicada a superar la provisionalidad transitoria y a definir democráticamente la orientación de la refundación del país en dirección a conjurar la multi-crisis que estremece esta sociedad y a recrear la legitimidad institucional que posibilite realizar unas elecciones libres de trampas y fraudes, y conformar un orden de justicia y bienestar social. Una Constituyente esencialmente programática, como la del 63.

· COINCIDENCIA Y DIFERENCIA CON EL MANIFIESTO INTELECTUAL.

Convencido de esa necesidad -algo que comparten y han fundamentado las fuerzas y movimientos en que milito- no tengo grandes desacuerdos con el marco conceptual y el contenido político esencial del Manifiesto firmado por más de 200 intelectuales, lanzado recientemente en una rueda de prensa poco concurrida, pero proyectada con mucho ruido.

Ciertamente esta lucha precisa ver más allá de la curva. Necesita un Norte y nuestro Norte es el Sur con traje de Constituyente subversiva del orden establecido

Que frente a esas ideas griten las derechas corruptas, no las fuerzas transformadoras.

Que ellas y la clase dominante-gobernante defiendan su régimen y su institucionalidad podrida, no nosotros/as.

Que se dediquen las mafias políticas, empresariales y militares a defender su gobernabilidad perversa y contrahecha, no quienes las enfrentamos.

Nuestro rol es diametralmente opuesto al de esos señores responsables y beneficiarios de este pantano mal oliente.

Ahora bien, mi diferencia con esa iniciativa del Manifiesto es de otro orden.

Creo incorrecto distanciarse de Marcha Verde e intentar suplantarla o presionarla desde fuera. De ahí el aislamiento de ese paso vanguardista, no debidamente diferenciado de las responsabilidades colectivas del movimiento verde. Más bien superpuesto.

De ese tema crucial, de esa necesidad de ruptura y recreación institucional, no es correcto hablar compulsivamente, sino en perspectiva: sin procurar forzar la marcha de la Marcha, ni perder de vista que todavía una parte significativa del pueblo y del propio torrente movilizado no ha llegado a ese nivel de conciencia política, y menos aun de organización, para protagonizar exitosamente esa necesaria –y quizás inevitable- confrontación.

Entender que se trata de un proceso, sobre todo si se opta por avanzar creciendo en poder de convocatoria y en poder de calle, sin saltos en el vacío.

Marcha Verde es un gran laboratorio pendiente de no pocas definiciones. Sus logros son notorios y serán mayores si se respeta su unidad dentro de su enorme y hermosa diversidad; y si se progresa debatiendo, convenciendo y, sobre todo, procurando que el pueblo verde asuma las exigencias del proceso junto a las posiciones más avanzadas.

Cada quien puede sustentar lo propio sin colocarse al margen, sin sembrar confusiones, sin afectar la unidad. Siendo una de las partes que respete las decisiones y los ritmos del conjunto que motoriza el proceso, y sin perder la sintonía con la avalancha popular.

La ruptura de este sistema institucional y el desplazamiento por una vía democrática distinta a sus viciados mecanismos electorales, es necesaria y posible. Y de mi parte haré todo lo que esté a mi alcance para que así sea lo antes posible.

Eso viene, si lo sabemos fraguar.

Avancemos ahora paso a paso, con ese Norte que es nuestro Sur sufriente, indignado y rebelde. (PUBLICADO EN PERIODICO DIGITAL GRUPO S.I.N. / noticiassin.com, como artículo de esta semana)

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