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17 Nov 2016

DOÑA ANDREA EN EL RECUERDO

Author: Narciso Isa Conde | Filed under: Tiro al Blanco

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Por Narciso Isa Conde
El familión, que incluía a camarada Capul Ortiz, se trasladó de San Francisco de Macorís a la Capital en el año 1965 bajo el influjo de la revolución de abril, estableciéndose en un viejo casón ubicado en el Placer de los Estudios del Malecón, próximo al Puerto de Santo Domingo.

Capul con Nelson Pérez Duarte y otros jóvenes contemporáneos formaron la primera célula del Partido Socialista Popular-PSP en esa localidad del Nordeste.

El compromiso revolucionario, al paso de los meses, se hizo colectivo en la familia Ortíz-García. La complicidad conspirativa tocó al conjunto, inspirada sobre todo por el amor a la causa y el respaldo a la juventud rebelde proveniente de Doña Andrea, la madre, cuya fragilidad era solo aparente y su ternura muy especial; siempre con la silenciosa y amorosa compañía de “Chipa”, el padre bondadoso de esa familia ejemplar.

Años duros, de conspiraciones riesgosas y crueles represiones. Años de “escondederas” y trasiegos clandestinos de propaganda y armas, de persecuciones a muerte, de contactos y encuentros secretos se vivieron a partir del terrorismo de Estado desatado en la posguerra y muy especialmente durante los doce años del régimen tiránico y terrorista de Joaquín Balaguer.

Años a la vez de una solidaridad, que bajo el tierno manto de Doña Andrea, se tornó inmensamente valiosa; convirtiéndose su cálido hogar en refugio multiuso del PSP, ya transformado en Partido Comunista Dominicano-PCD.

En esos días, si no todas, no pocas de las virtuosas “diabluras” del partido pasaban por ese hogar maravilloso, donde el cafecito, el refresco, el desayuno o el almuerzo cibaeño era obligado aceptar.

Allí recibíamos un afecto indescriptible, propio del cariño de una madre revolucionaria, que asumía además las tareas más peligrosas en cualquier circunstancia y escenario.

No la doblegaron los allanamientos, las amenazas, las detenciones. Su firmeza se mantuvo en los periodos más duros. Ni hablar cuando conquistamos la legalidad. Toda la vida. Siempre.

La recuerdo con el paquete de nuestro semanario Hablan los Comunistas, repartiéndoselo a los suscriptores de Ciudad Nueva y Zona Colonial. Ella y Doña Chechele, la madre de Lulú, dieron ejemplos de militancia en esa y otras vertientes, que despertaban admiración en los/as moradores/as de la zona.

No olvido, años después, las contantes llamadas de Doña Andrea a Tiro al Blanco-TV, dándonos estímulo y haciendo denuncias. Sus llamadas a casa para expresarme afecto, coincidencias, respaldo, aliento…

Madre de los suyos/as y de todos/as las/os pecedeistas.

Remanso de solidaridad comunista y de cariño sin límites.

Falleció hace pocos días bajo el peso de 94 años de intensas faenas familiares y persistentes compromisos con el pueblo explotado y excluido, perdurando como símbolo de terneza y dulce matrona de un hogar que siempre hizo las veces de oasis donde frecuentábamos sus familiares y camaradas queridos.

Cada vez que la recuerdo -y en estos días su imagen y su trayectoria no han cesado de acompañarme- inevitablemente, por motivos similares, pienso en mi madre Chelito y mi en otra madre mía y de Lulú, Chelele, sin que deje de asomar a mi memoria la figura diminuta y enérgica de Pelagia, la mamá del militante Pavel, que inspiró aquella hermosa e impactante novela de Máximo Gorki, que me hizo abrazar para siempre la ideas socialistas: “La Madre”.

Noviembre 2016, Santo Domingo, RD

Nota: la idea era publicar este artículo hace varias semanas, a raíz del fallecimiento de Doña Andrea, en un diario de circulación nacional. Pero no pude lograrlo, por lo que decidí ponerlo a circular por todos los canales posibles.

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