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4 Feb 2018

CONSTITUYENTE Y JUSTICIA

Author: Narciso Isa Conde | Filed under: Tiro al Blanco

 

Por Narciso Isa Conde

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Hay quienes quieren reducir la lucha por el fin de la impunidad a la exigencia de una reforma que garantice un poder judicial independiente en el marco de esta institucionalidad y este gobierno. Pero resulta que es imposible lograr una JUSTICIA INDEPENDIENTE en ese contexto político-institucional.

El Ministerio Público lo nombra el Presidente Medina y la cúpula del PLD. El Consejo de la Magistratura lo designa el Congreso controlado por el PLD, quien a su vez selecciona la Altas Cortes, incluida la Suprema.

Lo acontecido en años recientes deja claro que para que haya JUSTICIA INDEPENDIENTE Y HONESTA, hay que salir de esta dictadura institucional, del gobierno y el Congreso vigentes… y avanzar hacia la CONSTITUYENTE POPULAR Y SOBERANA.

Para que haya elecciones confiables debe ocurrir lo mismo.

Insisto en la necesidad de vernos en el espejo de Honduras y ponderar el significado del respaldo de Danilo Medina al fraude y a la dictadura mafiosa de Juan Orlando Hernández.

Ese espejo muestra fehacientemente que para lograr una Justicia Independiente, aquí y allá, hay que salir de quienes la tienen secuestrada y de la institucionalidad que le sirve de soporte.

Aquí la Constitución del 2010 fue hecha a la medida de la dictadura corrupta y corruptora del PLD, y su reemplazo exige de un Proceso Constituyente.

Esto obliga a reflexionar y debatir las características de ese proceso destinado a elaborar una nueva Constitución y a construir una nueva institucionalidad que reemplace ésta que se pudrió.

La corrupción y la impunidad son esenciales a este sistema institucional impuesto por la corporación PLD y el gobierno que la manipula.

El régimen de partidos y los mecanismos electorales son parte de ese sistema y sus dinámicas delictivas.

La llamada oposición es la misma porquería, pero con menos fuerza y más dividida que el oficialismo; vulnerable a los sobornos de las cúpulas del PLD, las transnacionales y el gran empresariado inescrupuloso.

Así las cosas, para ponerle fin a la impunidad que protege este lodazal 
pestilente, hay que cambiarlo todo. Y para cambiarlo todo hay que lograr que se vayan los que han gobernado y los que gobiernan, una vez convertido el pueblo en lucha en un poder alternativo al poder constituido
.

Jamás del degradado poder constituido puede surgir un poder constituyente, sino de una crisis de gobernabilidad, a partir del afianzamiento de una conciencia colectiva que reconozca que el soberano puede cambiarlo todo y crear lo nuevo. (El Nacional, domingo 4-02-2018)

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